jueves, 16 de febrero de 2012

Deseo de ti


Deseo ya, no luego, ya.
Deseo mojar con mi alma tus deliciosas manos.
Deseo dejar que mi corazón palpitante, errante sea
golpeado mil y una vez por tus violentos besos.
Deseo la aorta en la horca de tus almohadosos brazos.

Deseo llover las tristezas en tu ser.
Deseo acariciar tu aliento con mis cejas.
Deseo afinar mi voz escuchando tu sabor a menta
fino, dulce, sima de ti, cima de tu alma.
Deseo cárcel de tus dedos en los míos quedos.

Deseo estar, contigo estar.
Deseo viajar en tu mar, en tu marea alta.
Deseo huir aferrado a tus alas, que tu viento recio
Me arrebate el precio de mis lamentos.
Deseo de ti, a ti.

Solo, no. ¿Eres...?¡Sí!


Sólo deseo, solo deseo,
no nunca, ahora deseo, sólo ahora.
¿Yo? Sé bien, sé yo bien.
Aún porque eres es.
¡Tú no! Es él. Sí es.

Solo deseo, sólo deseo,
no, nunca ahora, deseo, solo ahora.
Yo sé. Bien ¿sé yo bien?
Aun porque eres… es.
Tu no es el sí ¡es!

Sólo deseo solo, deseo,
no nunca, ahora deseo sólo ahora.
Yo, sé bien, sé yo ¿bien?
Aun ¿por qué eres? ...es.
¡Tú! no es él si es.

Solo, deseo sólo deseo,
no, nunca, ahora deseo sólo ahora.
Yo sé, ¿bien? Sé yo bien
¿Aún? Porque… eres es.
¡Tu no es el si es!

lunes, 21 de noviembre de 2011

Hoy te veo

Temprano por la mañana te besé, no notaste mi aliento siquiera, matutinamente sucede, tal vez pensaste que me iba con destino al regreso.

No es un reproche, es un recuerdo, este es un suspiro atemporal. Cuando te encuentres en el borde de la muerte, en el límite de la vida, en el horizonte de la incertidumbre, allí encontrarás grandes e insignificantes lapsos de lúcida locura, allí me verás de nuevo.

Tengo la dicha de no ser más, te pienso en un instante, en un suceso te pierdo, mi boca cierra tu ojos, mi puño detiene tu palpitar, por un segundo, por uno nada más.

Hoy como siempre, ya de negro, ya sin sol, te espero.
- ¿Cómo te fue? No contestas más.
- Estás delgada, pero bella, pero joven.

Hoy me hablas, aún me hablas hoy, no me ves, no me sientes, no me abrazas, solo la nostalgia te acompañas, solo la tristeza te arropa en las noches frías, solo la amargura pinta tus azules tardes.

Hoy te veo.

-¿Cómo estás? No contestas aun.
-Estás tensa, azul, muy oscuro azul; pero bella, siempre bella.

Ya no me hablas, me escondiste en un cajón, siquiera me miras como si no, pero miras. Tocas aún mi almohada y buscas en tus ataúdes mi sonrisa, yo sonrío para ti, aunque no me oigas, yo te hablo, te sonrío, te acompaño, soy de ti.

Hoy te veo.

-¿Cómo estás? No contesta, ella no contesta
- Estás sola, aún sola. Pero me tienes en alma.

Tus raíces plateadas estás entre mis dedos, tus caminos forjados en tu juventud ya los he recorrido cientos de veces, ya conozco tus canciones más profundas. Yo te cuido. Yo acompaño los silbidos de tu blando pulmón. Yo acompaño la comparsa de tu ronquido orquestal. Yo estoy aquí contigo, aquí. Yo abrigo la manta que compartíamos ayer.

Hoy no veo amanecer.

-¿Dónde estás, no puedo ver, ni oír, ni sentir, ni besar, ni saborear?
_Pienso. Creo que soy aún, creo que sí. Pero persivo tu aroma a nardos blancos, es tu piel de crisantemos, es tu carne de diamante, es tu alma ausente, es tu ser mi medio ser, es tu ser mi sentir. Pero aún persivo tu aroma.

-No te angusties más, amada, no le temas a la altura, ese borde ya no es, ya ese límite no es, se ha apagado tu horizonte, me has encontrado como ves.

Temprano por la mañana te besé...

lunes, 24 de octubre de 2011

Hoy, ese hoy.

Tomaba la madrugada como lindero de mi descanso, lleno de matices dolorosos mis recuerdos se abrumaban en pequeños lamentos de tristes sollozos, no era yo en mí de vez en cuando, dejaba la marea de mis sueños y me conectaba con el silencio, donde lo fenomenal lo hacía cotidiano e  inútil, simple, incoloro e inoloro, no sabía, no sentíase, no era, pero carcomía el espacio de las profundas entrañas con ecos desesperantes que rebotaban de lado a lado sin dejar un rastro por donde se pudiese encontrar su origen.

De pronto ya estaba en el caudal de frías sensaciones, de mis pies descalsos de mi respiración fuerte y a punto de ahogarse por instantes, aunque era obvio lo real, se me desparramaban las cortinas ojosas y no dejébanme concentrar. Si me desnudé y me cubrí, no lo sé, no supe ni qué ni cómo me puse las pieles inertes sobre mi piel.

Dónde encontrar la paz, si detrás de cada telón aferrados a las cortinas pistas de sangre, sudor, llanto, mugre, mocos, hedor y perfumes de toda la tierra de todos los vientos y tiempos se hallan distrayendo el propósito de ser. Cada día como una nueva escena, cada obra como una vida entera, incansable de estorbar en otras y de crear nuevas. Solamente es, y aquella fue, y esa será. Un sol por conocer, una luna que se asoma y no se asoma. Grandes mares enjugan mis pómulos, inmensas toneladas de aliento retienen mis explosivas sensaciones a vida y a muerte. Entre la duda y la muerte si fuese por aquello.

¿Qué mejor que vivir al filo de lo incierto, al borde del averno, tentando al viejo viejo, amando al niño niño?
¿Qué mejor que saber a sangre, saber la sangre?
¿Qué mejor que sufrir y llorar para calmar las ansias de novedad?
¿Qué mejor que andar por espinosos caminos para reaccionar ante el aburrido y cotidiano andar de la vida terrenal?
¿Qué sería de la plenitud sin la imperfección?

Hallé en mis huellas a la Universidad muchas puertas multicolores, no sé cómo llegaba a ellas pero siempre me las encontraba, físicamente eran de casi una hora, pero en estos viajes me dejaban pequeñas muestras de nubes encantadoras que estallaban fugaces como kamikazes en flor de victoria, embriagando mi razón sin pedir permiso.

Hoy, ese hoy, me encontré conmigo en una hermosa casa, su mujer era muy hermosa y lo amaba demasiado, muchísimo, más de lo que él merecía. Ella era por él, así fue su promesa, así fue cumplida. Hoy él y ella son. Tres o cuatro pámpanos crecidos y muy contentos los acompañaban en los largos surcos del destino, muchos pastos verdecían por praderas infinitas, son recuerdos de mis pasos que sus huellas no marchitan, muchas banderas de viento áureo enarboladas eran por los tiempos, eran muchos los olivos, y mucho tenían ella y él, hoy, ese hoy. Su casa era el más bello recinto del mundo, sus tejados cielos eran, sus paredes una montaña rocosa, un nevado rosado, su puerta la puesta del sol, sus rejas playas de arena blanca, por toda la casa los enchapes eran opacos y brillantes, claros al sol, terribles de noche.

No era un simple momento, era el momento, era el cumplimiento, era lo acaecido, el que espera no desespera y sí encuentra sus bienes. Hoy él encontrólos.

De un golpe tan fuerte que me dobló las ventanas caí sobre  mis pies, y seguí despierto o dormido, pero bajé del vuelo por hoy.

lunes, 30 de mayo de 2011

Apariencias de realidad

   
Que se callen las olas del mar
Miento si digo que estoy único,
Miento si no digo que cuánto duele dolerte,
Miento si no miento delante de ti,
Miento en el momento del reloj,
Miento si miento contra mi miedo de ti.


Si hablan las olas del viento,
Miento pues sueño en la luna,
Miento por dentro, no sé qué decir,
Miento despierto y mis sueños no han muerto aún,
Miento de serte, siento serte,
Miento si siento que digo lo cierto de mí,
De ti.

Que callen los murmullos del viento lento y su mar sin sal.

¿Qué será su mar sin su sal?
¿Qué será el viento sin su pulmón rosado?
¿Qué, de la lluvia sin su gravedad?
¿Qué, del sol sin su fuego eternal?
¿Qué hay de la tierra sin sus murallas rocadas?
¿Qué, de ti sin tu aliento?
¿Qué, de mi sin tu aliento?

¿Qué, de mi mundo desierto?